Revisión crítica del estatus empírico de la terapia Reiki y el Toque Terapéutico - Ítaca Formación

Revisión crítica del estatus empírico de la terapia Reiki y el Toque Terapéutico

Revisión crítica del estatus empírico de la terapia Reiki y el Toque Terapéutico

Por Isaac Carmona

 

Terapias bioenergéticas: Reiki y Toque Terapéutico

La terapia Reiki es una forma de trabajo energético practicado por los monjes tibetanos desde hace 2500 años. Parece ser que fue redescubierta en Japón en 1868, siendo usado como toque terapéutico. Sin embargo, según la versión más aceptada sobre su origen, fue desarrollada en 1922 por el Doctor y monje de la tradición budista tendai, Mikao Usui. Al parecer, según puede leerse en su lápida, Usui, «decidió retirarse al monte Kurama para ayunar y llevar a cabo distintas disciplinas espirituales, en condiciones de extrema dureza. A los veintiún días, sintió Reiki en la zona de su coronilla y, al instante consiguió Satori, adquiriendo también el Rei No (don misterioso para sanar)». A su regreso a casa, transmitió la técnica a sus familiares y abrió una clínica para el tratamiento público, donde también empezó a instruir a maestros de Reiki. Esta técnica, según Usui, forma parte de una práctica espiritual, sin por ello tratarse de una religión, que comprende cinco principios vertebrales: (a) solo por hoy, no te preocupes; (b) solo por hoy, no te enfades; (c) sé humilde; (d) gánate la vida de manera honesta; y (e) sé compasivo contigo mismo y con otros (Miles & True, 2003; Catlin & Taylor-Ford, 2011). Sin embargo, este componente espiritual se perdió como consecuencia de su importación al ámbito occidental. Por otra parte, y con respecto a los niveles de formación, existen tres hipotéticos grados de destreza. En el primero de ellos, se considera que el practicante está capacitado para tratarse a sí mismo y a otros mediante un ligero toque, siendo un nivel adecuado para ser aprendido por cualquier persona, desde escolares hasta ancianos. En el segundo nivel, el practicante es instruido en el uso de símbolos para acceder mentalmente al Reiki y sanar a distancia –el practicante podría canalizar la energía Reiki hacia cualquier parte del mundo-. El tercer y último nivel es el de maestro, considerándose que el practicante está capacitado para enseñar e iniciar a otros en Reiki, implicando una práctica personal continua.

En la década de los 70, la Doctora Dolores Krieger, junto a la sanadora naturalista y clarividente, Dora Kunz, rebautizaron a Reiki como Toque Terapéutico (Therapeutic Touch®), describiéndola como «una terapia holística, basada en la evidencia, que incorpora el uso intencional y compasivo de la energía universal para promover equilibrio y bienestar. Se trata de un proceso consciente y dirigido de intercambio energético durante el que el practicante usa las manos como foco para facilitar el proceso». No obstante, cabe resaltar que, al igual que sucede con Reiki y cualquier otra forma de terapia bioenergética, afirmar actualmente que se trata de una «terapia basada en la evidencia» es científicamente falaz e insostenible, además de éticamente cuestionable, tal como muestran los estudios que van a revisarse en este trabajo.

Reiki se describe como una técnica en la que los practicantes colocan las manos sobre el paciente –ya sea tocándolo directamente o situándolas ligeramente por encima-, con el objetivo de facilitar la respuesta de curación endógena –es decir, no es el practicante quien sana, sino que ejerce exclusivamente como un canal-. Sus practicantes creen que el proceso subyacente es la activación del flujo de una energía vital universal denominada ki, chi o prana. La causa de la enfermedad sería el bloqueo de esta energía (a nivel físico, espiritual o psicológico), y la imposición de las manos del practicante facilitaría la recuperación de su flujo, lo que se experimentaría subjetivamente como relajación, sentimientos de confort y mente despejada, o sensaciones de calor, frío, vibración, pulsación, flotación, estremecimiento, etc. En relación a ello, no podemos dejar de mencionar las similitudes existentes entre la teoría hipocrática de los cuatro humores corporales o el fluido magnético o magnetismo animal  postulado en el s. XVIII por Mesmer, aunque el Toque Terapéutico utiliza terminología metafísica oriental como chakra o yin-yang.

En un estudio emblemático, Rosa, Rosa, Sarner & Barret (1998) quisieron investigar si los practicantes del Toque Terapéutico, tal como Krieger afirmaba, eran realmente capaces de percibir el campo energético humano. Para ello, utilizaron una muestra de 21 sujetos con entre 1 y 27 años de experiencia en la terapia. El procedimiento consistió en que el investigador colocaba la palma de una mano sobre una de las manos del practicante, determinada de manera aleatoria lanzando una moneda al aire. La visión del practicante se anulaba colocando un panel en frente de éste. La hipótesis de trabajo era que, si la teoría del Toque Terapéutico era cierta, los practicantes percibirían correctamente el biocampo energético del investigador el 100% de las veces (un 50% indicaría únicamente que los aciertos se debían al azar). El resultado fue que los practicantes identificaron la mano correctamente solo en 123 (44%) de los 280 intentos. Tampoco existía correlación entre identificación correcta y años de experiencia (r=.23), siendo el poder estadístico de este estudio los suficientemente aceptable como para haber demostrado que los practicantes podían realmente percibir el biocampo energético humano. En consecuencia, la evidencia de que los practicantes no tienen dicha capacidad es irrefutable. A raíz de este estudio, la Fundación Educativa James Randi ofreció 742.000 $ a cualquier practicante que pudiera demostrar su capacidad para percibir el biocampo energético humano bajo condiciones similares. Aunque 40.000 estadounidenses afirmaban poder hacerlo, únicamente una persona se ofreció a demostrarlo. Después de que fallara, se ofreció 1.100.000 $, sin que nadie volviera a presentarse voluntario. Probablemente, los 21 participantes del estudio aceptaron llevarlo a cabo porque la investigadora principal era una niña que no mostraba escepticismo.

Actualmente no existe ninguna evidencia científica que demuestre la existencia de la energía Reiki, y ante esta falta de soporte empírico, algunos han buscado explicaciones alternativas apelando al cajón de sastre de la malinterpretada física cuántica, disciplina que estudia el comportamiento impredecible de partículas extremadamente pequeñas (p. ej. electrones y fotones) e intenta describir la interacción entre energía y materia. Desde este punto de vista, que se trata de una revisión ad hoc de la hipótesis inicial del ki, la energía del campo biomagnético del paciente podría ser recolectada por el practicante, hipotetizando, por ejemplo, que el pensamiento puede producir un cambio en el funcionamiento de las partículas (algo que ha sido desmentido reiteradamente por los físicos). Basándose en distintas investigaciones del ámbito de la física, Thrane & Cohen (2013) se aventuran a afirmar que, pese a la necesidad de nuevos ensayos, las mediciones realizadas sobre el campo bioenergético humano validarían la teoría de Reiki. Según Miles & True (2003), no se debe descartar la investigación de una terapia solo porque ésta no sea coherente con el actual conocimiento científico, dado que esto conduciría a finalizar cualquier indagación incluso antes de llevarla a cabo. Así, desde su punto de vista, Reiki y el resto de terapias biomagnéticas guardarían relación con la mencionada física cuántica, los modelos bioelectromagnéticos y la Teoría de las Supercuerdas.

Otra teoría sobre el proceso subyacente a Reiki y el resto de terapias bioenergéticas se basa en el estudio de las células de Merkel, afirmándose que los aspectos eferentes de las terminaciones nerviosas plantares y palmares de estas células podrían formar la base de estas intervenciones y de la telequinesis (Irmak, 2010).

Revisiones sistemáticas

En una revisión de 205 estudios sobre Reiki, extraídos de 23 bases de datos, Lee, Pittler & Ernst (2008) únicamente encontraron nueve ensayos aleatorizados que cumplían los criterios de inclusión. Las condiciones en las que se había aplicado Reiki fueron depresión, ansiedad, dolor, estrés, desesperanza y neuropatía diabética entre otros. Tras su análisis, los investigadores concluyeron que los datos para cualquiera de las condiciones estudiadas eran escasos, además de que no existían replicaciones independientes para cada una de ellas. Por otro lado, los ensayos adolecían de fallos metodológicos, como tamaños muestrales pequeños, diseños de estudio inadecuados e informe de resultados deficiente, por lo que la evidencia no sugería que Reiki resultara eficaz para cualquier condición.

Por su parte, vanderVaart, Gijsen, de Wildt & Koren (2009) llevaron a cabo una nueva revisión sistemática de los efectos terapéuticos de Reiki. De todos los estudios analizados, únicamente 12 fueron susceptibles de ser evaluados adecuadamente, además, todos ellos eran invariablemente de poca calidad. El análisis mostró que importantes aspectos referentes a la calidad de los estudios (p. ej. aleatorización y ceguera experimental de los participantes) no fueron informados, lo que se traduce en una gran disminución de la calidad de evaluación de éstos. Por otro lado, los 12 estudios tuvieron 31 resultados diferentes, lo que claramente muestra que los investigadores de Reiki se encuentran en un modo exploratorio en cuanto a la comprensión de los beneficios de esta técnica. Además, es muy posible que numerosos estudios con resultados negativos no hayan sido publicados. Nuevamente, el análisis concluía que, teniendo en cuenta que las intervenciones sanitarias deben basarse en el estándar de la evidencia científica, la eficacia de Reiki debe ser probada, algo que hasta la fecha continúa siendo imposible de afirmar a la luz de la pobre calidad de los ensayos realizados.

Resultados destacados en diversas problemáticas

Cáncer. Catlin & Taylor-Ford (2011) llevaron a cabo un estudio para comprobar los efectos de Reiki sobre el bienestar y confort de pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia, con una muestra de 189 participantes asignados de manera aleatoria a tres condiciones: Reiki, Reiki simulado (placebo) y cuidados estándar, realizándose las intervenciones junto a la administración de quimioterapia. Se llevaron a cabo mediciones de las variables pre y postratamiento en las tres condiciones, encontrándose que los pacientes tratados tanto con Reiki como Reiki placebo obtenían mejorías estadísticamente significativas. Y lo más destacado, ambas condiciones tenían resultados similares. Estos datos ponen en cuestión la eficacia de Reiki per se, dado que al obtener los mismos beneficios que una condición placebo, se deduce que éstos no podrían deberse a la propia intervención, sino a otra u otras variables no medidas en el estudio. Los hallazgos parecen indicar es que es la presencia cercana y atenta de una persona lo que provocaría el incremento en los niveles de confort y bienestar de los pacientes, ya sea usando o no el supuesto campo energético sanatorio.

Neonatos prematuros. Johnson et al. (2013) llevaron a cabo un ensayo controlado, con una muestra de 55 bebés de menos de 30 semanas, que fueron asignados aleatoriamente a un grupo control (n=28) de Toque Terapéutico fingido, donde el terapeuta se mantenía al lado de la incubadora con las manos puestas sobre ella mientras realizaba tareas mentales –p. ej. operaciones matemáticas-, o a un grupo experimental de Toque Terapéutico no táctil (n=27), donde los bebés recibían la terapia por enfermeros con varios años de experiencia en esta terapia. El dolor neonatal fue evaluado con la escala PIPP, un instrumento bien establecido, validado y con utilidad clínica. Como variables indicadoras de dolor se utilizaron el cambio en la frecuencia cardíaca y el tiempo de regreso a la línea base. También se llevaron a cabo mediciones de respuestas secundarias como el cambio en el tono vagal, muecas de dolor, etc. Los resultados mostraron que no existían diferencias significativas en la respuesta de dolor o de recuperación entre ambos grupos. Los autores afirmaron que la conclusión más sencilla a la que se podía llegar con estos datos era que el Toque Terapéutico no tiene efectos confortables en la población de neonatos prematuros. Además, subrayaron que, en los estudios con bebés prematuros en los que se habían analizado los efectos del contacto directo (piel con piel) y se habían obtenido efectos positivos significativos, existían variables que están ausentes en el Toque Terapéutico, como contacto ventral completo, aroma maternal, calidez, voz y sonido cardíaco. Estos resultados pueden ser debidos a que, por ejemplo, el toque maternal facilita la liberación de endorfinas y oxcitocina, lo que modula la sensación de dolor. También se ha comprobado, con adultos, que las caricias amables activan fibras periféricas amielínicas que producen una sensación hedónica. Respecto a la muestra de bebés prematuros, estos resultados son muy interesantes porque, debido a su estado evolutivo incipiente, no pueden tener efecto placebo derivado del Toque Terapéutico, dado que éste precisa de la expectativa cognitiva de recuperación del dolor. En este sentido, sería el efecto placebo lo que explicaría los efectos beneficiosos encontrados en poblaciones de más edad.

Ansiedad. Beard et al. (2011) investigaron los efectos de Reiki y Terapia de Respuesta de Relajación (TRR) en comparación a un control inactivo (lista de espera) en una muestra de hombres con cáncer de próstata que estaban recibiendo terapia de radiación, encontrando un tamaño del efecto medio (d=.55) para la TRR sobre la ansiedad. En el caso de Reiki, el tamaño del efecto fue también medio, aunque estadísticamente inferior (d=.39). Al comparar ambos grupos, la TRR era superior a Reiki (d=0.57) y a la condición de control (d=.62). En otro estudio, Tsang et al. (2007) encontraron que Reiki tenía un tamaño del efecto medio (d=.64) al compararlo con el descanso en pacientes de cáncer tratados con opioides. Potter (2007) tampoco encontró diferencias significativas comparando Reiki (d=.27) y cuidados usuales (d=.27) sobre las puntuaciones de ansiedad de una muestra de mujeres sometidas a biopsia de mama. En una investigación con mujeres a las que se sometió a histerectomía, Vitale et al. (2006) compararon los cuidados de enfermería usuales como tratamiento único y con adición de Reiki, encontrando un tamaño del efecto grande (d=1.36), justo antes de abandonar el hospital, en la muestra que usaba Reiki. Finalmente, Richeson et al. (2010) compararon los efectos de Reiki vs. control inactivo (lista de espera) en adultos mayores aquejados de dolor, depresión y/o ansiedad, encontrando un descenso elevado de la ansiedad (d=2.08), además de una alta diferencia entre ambos grupos a favor de Reiki (d=-4.5).

Dolor. En una muestra de pacientes oncológicos, el equipo de Olson et al. (2003) llevaron a cabo la comparación entre terapia con opioides más Reiki y Terapia de Opioides más descanso, encontrando un tamaño del efecto medio (d=.64) en el primer día y alto (d=.93) en el cuarto día a favor del grupo de Reiki. Por otra parte, los pacientes de cáncer del grupo de Tsang et al. (2007) obtuvieron una mejora significativa en su última sesión de Reiki en comparación a las puntuaciones de dolor que habían informado en la sesión inicial (tamaño del efecto medio, d=.76). En este mismo estudio, al comparar Reiki con descanso, el grupo de Reiki obtuvo un tamaño del efecto pequeño (d=.32). Por su parte, Vitale & O’Conner (2006), al investigar los efectos de Reiki sobre el dolor en mujeres después de una histerectomía, encontraron diferencias entre Reiki y los cuidados tradicionales de enfermería, donde el tamaño del efecto encontrado en Reiki fue medio-alto (d=0.79). Además, las pacientes informaron de menores estados de ansiedad a las 72 horas de la operación. Un estudio de interés es el llevado a cabo por Gillespie et al. (2007), en el que se comparó Reiki y Reiki simulado (placebo) con los cuidados usuales para el dolor neuropático en diabéticos. En este estudio se encontró un tamaño del efecto pequeño para Reiki (d=.36) y Reiki simulado (d=.26) –los cuidados usuales obtuvieron un tamaño del efecto igualmente pequeño [d=.17]-, sin que existieran diferencias significativas entre grupos. También, en el anteriormente citado estudio de Richeson et al. (2010), se encontró un descenso significativo del dolor al usar Reiki, en comparación a un grupo de control inactivo, con un tamaño del efecto grande (d=2.08). En un ensayo controlado y aleatorizado, con una población de 100 pacientes diagnosticados con fibromialgia, Assefi, Bogart, Goldberg & Buchwald (2008), investigaron los efectos de Reiki (directo e indirecto, es decir, con contacto y sin él) vs. Reiki simulado (placebo, también directo e indirecto). Los cuatro grupos recibieron dos sesiones semanales durante ocho semanas, realizadas por un maestro de Reiki o un actor, según la condición asignada. Se llevaron a cabo mediciones a las 4, 8 y 20 semanas (seguimiento a los 3 meses del final del tratamiento), encontrándose que los resultados eran idénticos en los cuatro grupos, sin que existiera ningún efecto beneficioso sobre el dolor subjetivo, el funcionamiento psicológico y físico, el uso de medicación o el número de visitas al médico. En consecuencia, los investigadores concluyeron que ninguna modalidad de Reiki era eficaz para mejorar los síntomas de fibromialgia, debiendo ser las terapias bioenergéticas rigurosamente estudiadas antes de ser recomendadas como tratamiento para pacientes con síntomas de dolor crónico. Finalmente, Doğan (2018) ha llevado a cabo un estudio de metaanálisis de los efectos de Reiki sobre el dolor. El estudio analizó los resultados de 4 ensayos controlados aleatorizados, con una muestra total de 212 participantes (104 en los grupos de Reiki y 108 en los controles). Si bien en este estudio se concluía, a la luz de los datos, que Reiki había obtenido resultados estadísticamente significativos, el equipo de Moran et al. (2018) publicó un artículo informando a la Revista Complementary Therapies in Clinical Practice, en la que había aparecido el metaanálisis de Doğan (2018), que los resultados habían sido malinterpretados por la investigadora. En efecto, el resultado principal fue el cambio medido en la escala VAS después del tratamiento con Reiki. Cuando el grupo de Reiki se comparó con el control, los datos indicaban resultados estadísticamente no significativos -0.927 (95% CI: -1.867 a 0.0124), exactamente lo opuesto a lo que había concluido el metaanálisis de Doğan (2018).

Estrés. Recientemente, Bukowski (2015) ha conducido un estudio no controlado ni aleatorizado, en el que una población de estudiantes fue instruido durante 20 semanas en técnicas de relajación y Reiki autoadministrado. Aunque la población inicial era de 30 participantes, únicamente 20 de ellos finalizó el estudio. Los resultados indicaron un descenso de 14.6 puntos en los niveles de estrés. También, la mayoría de participantes afirmaba que para ellos Reiki era una intervención creíble para reducir los niveles de estrés. No obstante, cabe mencionar que en este estudio no se evaluó la potencia de Reiki sin el componente de Relajación, por lo que no se puede afirmar que los resultados se deban únicamente a Reiki.

Conclusión

Como se ha expuesto a lo largo de este trabajo, diferentes grupos de expertos han evaluado la evidencia sobre Reiki, y todos ellos han concluido que no existe evidencia clara sobre su utilidad. Los estudios han analizado distintas condiciones de salud, haciendo difícil la comparación de sus resultados.  Por otra parte, muchas investigaciones no compararon Reiki real con una condición de Reiki simulado o de no tratamiento, cuando estos diseños suelen ser los que más información aportan. Tampoco se han llevado a cabo investigaciones con practicantes de nivel 2 que, supuestamente, serían capaces de sanar a distancia y cuyos resultados serían muy interesantes para someter a contrastación empírica los postulados de Reiki sobre la hipotética energía ki. Si bien algunos estudios han encontrado tamaños del efecto moderados y altos, lo cierto es que adolecen de importantes limitaciones, como haber usado grupos de control inactivos, instrumentos de medición no validados, muestras no significativas estadísticamente (de media, los estudios tuvieron 24 participantes) que contribuyen a la inflación de los tamaños del efecto, etc., a lo que debe añadirse las diferencias existentes incluso dentro del propio tratamiento basado en Reiki, que no está estandarizado (por ejemplo, las intervenciones variaban en tiempo, en rangos de 30 a 90 minutos) por lo que no se puede concluir que Reiki haya resultado eficaz en alguno de los ensayos, ni tampoco es posible hacer generalizaciones. Por otra parte, salvando los problemas de diseño de investigación, para poder afirmar su eficacia los resultados deberían ser replicados por investigaciones independientes, usando además grupos de control activo validados.  También son muy esclarecedores los estudios que parecen indicar que los beneficios de estas terapias serían debidos a la cercanía humana (presencia, calidez, tacto amable, etc.) y no al desbloqueo de una hipotética energía. Aunque a priori la falta de pruebas no significa que Reiki sea ineficaz, lo cierto es que hasta la fecha no existe evidencia consistente que justifique su uso en ninguna condición médica, por lo que cabe preguntarse si realmente merece la pena perseverar en la comprobación de la utilidad de este tipo de intervenciones, después de décadas de reiterada inconsistencia y existiendo numerosas alternativas eficaces. Parafraseando a Weissmann (2009), el comercio de brujería y Reiki tiene consecuencias económicas. Por ejemplo, el NCCAM gastó más de medio billón de dólares en cuatro años para financiar ciencias vudú como Reiki, aromaterapia y homeopatía, lo que sorprende cuando el propio NIH ha admitido que éstas no siguen las leyes de la ciencia (sobre todo de la química y la física). Esta suma de dinero es financiación extraída de la Escuela de Medicina de Harvard o del Instituto Dana-Farber, donde se han descubierto curas mediante tratamientos que sí siguen las leyes científicas. Weissmann concluye afirmando, de manera categórica, que «es inútil poner más dinero en la curación vudú que funciona por la vía de la fuerza vital o el magnetismo animal». Otros autores, como Ferraseri et al. (2013), se muestran más benevolentes con este tipo de prácticas, afirmando que si bien considerando únicamente el criterio de eficacia, Reiki debería ser desaconsejado, si se coloca el énfasis en el principio de no maleficiencia (non-maleficium) o de la autonomía del paciente, sería justo que se modulara la elección terapéutica en función de los costos generales (principio de eficiencia) y disponibilidad del tratamiento en los diferentes contextos.

En cuanto a su inocuidad para la salud, en general el Reiki parece seguro. En los estudios realizados, los participantes mostraron similares efectos secundarios a los encontrados en aquellos sujetos que no recibieron tratamiento con Reiki. Sin embargo, no debe usarse para reemplazar la atención médica convencional o como medio para posponer una consulta médica sobre un problema de salud, y aún menos cuando se presentan síntomas graves o de larga duración. En estos casos, el uso de Reiki puede ser peligroso, ya que la persona dejaría de recibir atención médica eficaz, poniendo en riesgo su salud general y, en ocasiones, su vida. Por todo ello, cualquier decisión de incluir Reiki en la lista de medicinas complementarias recomendadas para el manejo del dolor, la ansiedad y la depresión, como la realizada por la Fundación de Medicina Integrativa de la Princesa de Wales y el Servicio de Salud Nacional de Reino Unido (NHS), no está sustentada en la evidencia. Los pacientes que vayan a usar Reiki -o consideren hacerlo- para gestionar sus síntomas deben ser informados del actual estado de la evidencia. No obstante, atendiendo al código deontológico del personal sanitario, la práctica profesional debe adherirse a la solidez de la fundamentación objetiva y científica de las intervenciones, esto es: utilizar exclusivamente intervenciones de elección con soporte empírico para cada una de las condiciones médicas o psicológicas. Por ello, cualquier profesional que utilice Reiki, con su actual estatus empírico, estaría cometiendo una infracción ética.

Referencias

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